I
Unas criaturas interesantísimas son los cuentóveros. Aunque son criaturas tímidas, son los cuentóveros muy amables y hospitalarios. Viven en los bosques utilizando sus cuerpos camaleónicos para esconderse, por eso no mucha gente los conoce.
Es difícil decir exactamente que son los cuentóveros, ya que aunque mucha gente diría que son espíritus, el término espíritu es difícil de definir.
II
Los escuché silbar a través de los edificios imaginarios que habían crecido a mí alrededor. Aquel musical sonido cautivaba mi mente así que me di a la tarea de buscar de donde provenía. En aquel momento parecía una buena idea, ya que a falta de musa, lápiz y papel no podía darme a la tarea de escribir algo.
Imagina un cielo nocturno en el que las nubes ocultan totalmente la luz de la luna y tendrás una buena idea de lo que es “falta de musa”. Como si fuera poco (y quizás como algún complejo plan infernal para evitar que continuara escribiendo) salio aquel silbido de entre las paredes. Al principio era curioso y me divertía tratando de descifrar si era humano, animal o quizás mecánico.
Veía con un aire de curiosidad a todos lados y abrí la única puerta del cuarto en el que me encontraba. Vi danzando alrededor de un árbol unos pequeños duendes con cuerpo de niños y patas de oveja que tocaban unas flautas que parecían danzar en sus manos. Escuche con detenimiento y me di cuenta de que eran sus flautas las que producían aquel curioso silbido. Recordando mi interrogante anterior, me di cuenta que todas mis teorías acerca de que podía producir aquel sonido eran ciertas, era humano, animal y mecánico a la vez.
Trate de preguntarles que era lo que hacían pero no podían verme o pretendían ignorarme. Me interpuse en su camino para evitar que continuaran su danza, pero para mi sorpresa se acercaban a mi de una manera asintótica.
Creo que estuve viendo la silueta de aquel niño danzando (cada vez más cerca y a su vez más lentamente) por varias horas hasta que por fin me di por vencido y quise retornar a mi tarea de escribir mi libro.
Sin embargo, para este momento se me había olvidado por completo el lugar del cual había venido. Viendo yo la difícil situación en la que me encontraba, decidí continuar caminando por aquel extraño lugar del cual no había leído jamás en ningún libro de geografía.
A mí alrededor veía un paisaje cambiante. Algo así como en los sueños, que uno va caminando por un lugar y cuando te das cuenta estas en otro, pero por más que tratas de recordarlo no logras coincidir con el momento justo del cambio. Quizás es que los cambios estaban tan bien difuminados que no había ningún momento justo de cambio.
No había caminado más de 5 minutos cuando ya había visto más de 100 lugares diferentes. Era un sentimiento similar al de una galería de arte, en el cual el deseo de continuar observando es lo único mayor que el deseo de admirar cada obra.
Luego de unos 200 paisajes más me di cuenta que estaba sonando en mi mente la canción de aquellos pequeños niños que vi anteriormente. Para mi desdicha, una vez me percaté de esto, los paisajes dejaron de cambiar.
Ahora me encontraba en medio de un denso bosque, que aunque no alcanzaba a ver el cielo la ausencia de sombras me decía que era de noche. Viendo que era obvio que no encontraría una solución a mi problema esa misma noche, decidí acostarme bajo la densa capa de hojas del árbol más grande que encontré. Después de todo, esa era la noche más apacible que había visto en mi vida, y no dejaría que el sol de la mañana arruinara lo que podría ser el mejor sueño de mi existencia.
III
Nadie sabe de donde vienen los cuentóveros, por eso las mentes más científicas (en su afán de conseguirle una explicación a todo) niegan su existencia. Es por eso que, para evitar una conmoción y exterminio de su raza, se dejan ver de pocas personas.
IV
Al levantarme me percaté que ya debía ser una hora cercana a las doce del mediodía, así que decidí continuar mi travesía. Ya había olvidado los eventos del día anterior (no fue hasta que decidí ponerme a escribir la historia que regresaron a mi mente) así que no sabía exactamente que significaba “continuar mi travesía”.
Al continuar caminando vi que tras de mi andaba una extraña ave del tamaño de una gallina. Pensé que era alguna especie de pavo nativo de este extraño mundo en el que me encontraba. Tenía una pequeña cabeza que no guardaba ningún tipo de proporción con su enorme y gordo cuerpo. Decoraba su cuerpo un plumaje grisáceo con múltiples puntos blancos que formaban interesantes patrones alrededor de todo su cuerpo.
Al ver tan intrigante criatura me encorve en dirección a ella en espera de la más increíble de las reacciones. La criatura hecho a correr ante mi súbito interés de conocerla y me quede impactado por el curioso sonido que emitía (que a pesar de lo tonto que suena, solo puedo describirlo como “choclai, choclai”).
El miedo presentado por el pequeño pavo no me quito la curiosidad de estudiarlo. Seguí con la vista la trayectoria que tuvo el mismo hasta que vi como por fin se detuvo a una distancia no muy lejos de mí.
En un afán por atraerlo hacia mi me adopté una forma parecida a la de un pollo y comencé a lanzar gritos de “choclai, choclai”. Luego de 5 minutos de tan extraño ritual, comenzaron a acercarse cientos y cientos de aves. Todas poseían un plumaje que aunque de diferentes tonos, tenía el muy curioso patrón de puntos.
Parecían estar discutiendo entre si, pero no podía entender su extraño idioma. Solo escuchaba una increíble cantidad de “choclai choclai” que venia de todas direcciones. Después de un rato la conversación se había convertido en un insoportable alboroto que me obligo a cerrar los ojos y taparme los oídos, pero aun en esta posición el ruido era ensordecedor.
El alboroto cesó en el momento justo en el que parecía llegar a su clímax. Fue cuando estuve seguro de que no escuchaba nada que tuve el valor para destaparme los oídos y abrir los ojos. Vi solo frente a mí a aquel primer pájaro. Me dijo en mi propia lengua que lo siguiera.
V
Los cuentóveros disfrutan de las historias. Le apasionan, las viven. Suelen pasar noches enteras rodeados de historias.
Es por eso que dicen que solo se dejan ver por los que escriben.
VI
A medida que caminábamos, el bosque se iba tornando menos denso. Esto me dijo que quizás me estaba llevando afuera del mismo. Miraba a mí alrededor con un increíble aire de curiosidad. Veía como a medida que caminábamos, iban apareciendo criaturas aún más divertida que los niños-cabra y el pavo-gallina.
De los árboles salían serpientes con alas de mariposa y se arrastraban por el suelo caballos con colas de sirena. A veces alcanzaba ver entre las hojas lagartos volando en el cielo y de la tierra salían cerdos con manchas como vacas. Todos me veían y se quedaban sorprendidos. Le pregunte a mi guía cual era la causa de su sorpresa, pero me dijo que el no era quien para contestarme esa pregunta y de ahí en adelante ignoro todas las otras preguntas que le hice.
Viendo que nuestro viaje no llegaba a su fin comencé a impacientarme y le pregunte a mi guía cuando dejaríamos de caminar. Me miro y en un gesto que me es imposible de imaginar en este plano pero en aquel lugar me pareció muy lógico, pude distinguir una sonrisa.
Después de eso me di cuenta que me encontraba adentro de uno de esos árboles, y frente a mi había una gran cantidad de criaturas interesantísimas mirándome con curiosidad. Me preguntaba si ellos sentían tanta curiosidad hacia mí como yo la sentía hacia ellos.
Aunque estoy seguro que no las había visto en ningún momento en mi travesía, se que las conocía. Es curioso como algunas veces uno descubre que sabe cosas pero no sabe como lo aprendió.
VII
Cualquiera diría que los cuentóveros viven las cosas al revés. Tanto se adentran los cuentóveros en sus historias que en un obstinado reto a la realidad, viven las cosas que ven escritas.
VIII
Algunos más intensamente que otros, tenían todos sus ojos puestos sobre mí. Aquellos pequeños hombres clamaban por una historia. Viéndome despojado de mi libreta, corrí a inventar una en el aire.
Es curioso como la imaginación abandona a uno cuando más la necesita. Veía como los pequeños hombrecillos se comenzaban a impacientar. Me encontraba sentado en una situación que me recordaba a Dalí, Miguelangel y Cervantes.
Cuando uno esta vagando por los dominios de la musa hay tantas cosas a tu alrededor que te es imposible percibirlo todo. Pero cuando se esta caminando por los caminos de la desinspiración (palabra que acabo de inventar pues es la que creo que mejor describe el estado en el que me encontraba) uno solo alcanza a ver su propio cuerpo.
Algunos comenzaron a levantarse molestos. Otros, saltaban en sus sillas y otros rodaban por el suelo poniendo caras de enojo e impaciencia. Comencé yo también a impacientarme y comencé a darme puños en la cabeza.
Luego de un muy fuerte golpe quede como inconsciente. Aunque sentía lo que pasaba a mí alrededor, no podía entender nada. Las criaturas comenzaban a convertirse en siluetas blancas que rodaban frente a mis ojos en todas direcciones como en fractales.
Fue cuando los patrones se habían tornado tan complicados que me dolía la cabeza tan solo de verlos que hallé la historia que clamaban aquellos pequeños seres.
Pensando en todo lo que había pasado decidí comenzar a caminar hacia atrás para tratar de vivirlo nuevamente. Las cosas comenzaron a suceder como en trabalenguas. Aunque las reconocía, no podía entenderlas.
IX
Tan misteriosos son los cuentóveros que ni siquiera las personas que los conocen saben decir como lo hicieron. Es curioso como algunas veces uno descubre que sabe cosas pero no sabe como lo aprendió.
Comments