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Updated 12 months ago by carlos

carlos rodriguez

El ingenioso jíbaro Don Chayote del Mamey

En un lugar de Guaynabo de cuyo nombre no quiero acordarme estaba Don Chayote, viva ilustración de lo que es un borrachón. Para él, trabajo es ir a buscar los cupones y un camino largo es pedirle a su vecino que lo lleve a la barra del barrio. Aunque ya nadie recuerda de donde salió su nombre Chayote todos dicen que es por su cara con forma de chayote y como es del Barrio Mamey 1, todos lo llaman “Don Chayote del Mamey”.

Un día, tras senda borrachera, despertó sin recordar quien era, y al ver a su alrededor, lo único que encontró fueron unas latas de Medalla y su favorito, un gancho de Ron Don Q. Al ver la tan heroica figura que se encontraba sobre las palabras Serrallés decidió convertirse en caballero andante, creyendo que le era menester seguir los pasos de ese tan grandioso héroe Don Quijote quien él creía era quien había descubierto el Pitorro.

Al levantarse de la hamaca en la que se encontraba, vio su carro, el cual sería de ahora en adelante su noble corcel, un Nova del 79 con reflectores de bicicleta donde se suponía estuviesen las luces. Pero antes de remontarse en su viaje en busca de aventuras, decidió buscar en su casa una espada como aquella que hubiese utilizado don Quijote. Como solo encontró un viejo machete, le limpio el poco de sangre que vio que tenía encima, que aunque el creía era la sangre de el último caballero que él había aniquilado con esta, no era más que la sangre del último puerco que había matado.

Al saltar en su automóvil, al cual le pondría de nombre Cocinante porque según todos decían andaba con leña, ponderó por un breve instante a donde se dirigiría, pero sabiendo que no es a el al que le tocaba buscar las aventuras, si no que las aventuras lo buscarían a él, prefirió ir a donde el destino le deparase. Le dio vueltas a una botella de cerveza que había en el asiento de atrás de su carro y fue en la dirección que esta apuntaba. Que aunque él creía era el camino que le tocaba seguir, no era más que el borde de la cuesta donde vivía y al apretar el acelerador fue cuesta abajo dando tumbos contra las puertas de su carro que aguantaba fuertemente los cantazos para no caerse en cantos.

“Ya no hacen las carreteras como antes” – se dijo a si mismo Don Chayote – “este alcalde lo único que hace es hecharse fresco en su oficina.”

Luego de tan desenfrenada caída cuesta abajo, cayo ileso entre la multitud de carros que esperaban al cambio de luz en la Carretera # 1. Al ver que todos los carros venían hacia él, dedujo que se encontraban huyendo de algo que sin duda alguna sería una aventura y es de esta forma como decidió ir en dirección a la carretera vieja de Caguas.

Después de andar unos 5 minutos comenzó a ver los pequeños castillos que se encontraban a su alrededor. “A Cuzzi le arrancaron el corazón” leía Don Chayote en los letreros, y esperando él conseguir al villano que le arrancare el corazón a Cuzzi, no se percató que en realidad estaba leyendo letreros que decían “Jacuzzis en forma de corazón”. Así terminó en la muy moderna hospedería “Motel La Fuente” (cuya “M” estaba sutilmente distorsionada para parecer una “H”.

Siendo engañado por los múltiples letreros que anunciaban “Fósforo – La fuente de la juventud” creyó que el motel al que se dirigía era la verdadera fuente de la juventud y pensó en lo idiota que había sido Ponce de León que no había encontrado la fuente de la juventud estando esta tan bien rotulada.

Al fin al cabo, terminó en las oficinas del motel preguntando por la fuente de la juventud y por quién era el que le había arrancado el corazón a Cuzzi. Viendo el dueño del motel lo borracho que estaba Don Chayote, decidió aprovecharse de la situación para divertirse un poco y quiso probar la convicción de Don Chayote en cuanto a su mandato caballeril.

“De seguro usted es un gran caballero y podría ser usted la persona que andaba buscando.”

“¡Pues seguro que si! Diga usted como puedo servirle.”

“Hace poco se escapó un terrible dragón y comenzó a comer gente sin piedad alguna. Pero sin embargo no se sabe donde se encuentra y todos temen que salga nuevamente.”

“No puedo permitir eso” – dijo don Chayote y salió disparado por la puerta para encontrar el tan fiero dragón, olvidándose por completo de Cuzzi y de la fuente de la juventud.

Al llegar nuevamente a la carretera #1, se topó con una vista terrible, el dragón se encontraba frente a él. Una bestia de gran tamaño que expelía humo por detrás de su cabeza la cual a la estimación de don Chayote debía de medir unos 40 pies de alto. Sin embargo, luego de un momento, el dragón rugió y continuó su camino.

Don chayote, impactado por esto, se aferró a Cocinante y apartando unas cuantas botellas de ron que habían acumuladas apretó el acelerador lo más que pudo. Persiguiendo suficientemente cerca para no perderlo de vista, pero suficientemente lejos para no ser devorado, vio como este se metió en su cueva, la cual tenía un letrero que decía “Cantera el 24.”

Tomó un suspiro y decidió entrar en busca del dragón, cuando escuchó que alguien gritaba su nombre. Don Chayote comenzó a buscar la procedencia de aquel grito cuando al lado de su ventana se apareció un rostro familiar.

“Don Chayote, ¿qué me cuentas? Hace como un mes que no te veo” – dijo aquella figura.

“Chhh, has silencio Pancho, que acabo de ver un dragón entrar en esa cueva de ahí.” – contestó don Chayote.

“¿Cómo que un dragón? Si los dragones no existen.”

“Acabo de ver uno entrar ahí y no solo eso, lo vengo persiguiendo ya desde bastante rato.”

Pancho, quien descendía de una muy humilde familia de apellido Salsa, era una persona buena, pero también se daba su par de tragos de vez en cuando y siendo obvio que al ver a don Chayote estaba bebiendo en la barra cercana, le creyó su historia.

“Pues si eso es verdad lo mejor será que yo te ayude” – Dijo Pancho y corrió a sentarse en el asiento del pasajero.

“Bien, pero recuerda que en todo momento seré yo el que pelee. No quiero que arriesgues tu vida.” – contestó don Chayote

“Está bien. Pero yo me mereceré parte de la gloria de haber aniquilado al dragón, por lo menos en el Vocero quiero salir.”

Cogiendo un poco de aire, don Chayote apretó el acelerador entrando heroicamente a la cantera. Se mantenía atento a todas partes, porque después de todo, la guarida de un dragón era totalmente desconocida para él. Luego de un corto periodo de búsqueda, por fin consiguió ver al dragón.

“Míralo allí Pancho. Parece que está durmiendo.”

“¿Dónde? Si no logro ver nada. Solo unos camiones.”

“¡No seas bruto Pancho! ¿Por qué crees acaso que la gente no sabe que los dragones existen? Porque se disfrazan para parecer otras cosas y solo nosotros las personas atentas podemos ver a través de su disfraz de camión.”

Diciendo esto estiró su brazo para buscar su machete en el asiento de atrás y una vez lo consiguió abrió la puerta y salió corriendo del carro. Con el machete agarrado con las dos manos, corrió gritando hacia el camión que tenía en frente.

“¡Don Chayote! ¡No! ¡Eso es un camión! ¡Si llegas a hacerle algo te buscarás un problema con el dueño!” – exclamaba Pancho Salsa, pero estos gritos eran opacados por los gritos de Don Chayote.

“¡Muere dragón que ahora sabrás quien es Don Chayote!” y le metió un muy fuerte machetazo al bonete y cayo hacia atrás por la fuerza de su impacto.

Luego de esto, escuchó don Chayote el rugir de otro dragón que se aproximaba, y al voltearse vio un dragón aún más grande, que él pensó era la madre del dragón que acababa de golpear.

“¡Muere bestia cruel!” – volvió a gritar don Chayote y corrió desenfrenadamente hacia el dragón que venía en su dirección a tratar de embestirlo.

Don Chayote vio como el dragón al ver que él se le acercaba frenó de repente por el miedo que le provocó el verlo. Pero don Chayote continuó corriendo para provocarle un fuerte golpe al dragón y al estar frente a frente, el camión que todavía no se había detenido por completo le dio un golpe que lo mandó volando unos 5 metros por el aire.

Al caer al suelo trató de levantarse utilizando su machete como soporte pero se cayó nuevamante. Pancho corrió hacia él y le preguntó si estaba bien, a lo que don Chayote contestó:

“Estoy bien, y nunca he estado mejor, porque aunque el Dragón me logró embestir, pudiste ver que el dragón se detuvo ante mi presencia debido al pánico que le provoqué. Por eso te digo Pancho, ayúdame a caminar hasta mi carro que allí encontraré un elixir que me cure por completo.”

Este elixir era por supuesto un palo de ron y al tomarlo, don Chayote se sintió como nuevo. Entró en su carro y descansó un breve instante, hasta que por fin tomó un suspiro y puso la reversa. Poco a poco fue retrocediendo su carro hasta que estuvieron de vuelta en la carretera # 1.

Pancho vio a Don Chayote y se dio cuenta lo malamente herido que había quedado luego de que lo atropelló aquel camión.

“Oye Don Chayote, deberíamos de llevarte a Centro Médico, a la verdad que te ves bien demacrad.” – dijo Pancho.

“¡Claro que no debemos ir! ¿Qué acaso no sabes que si queremos lograr grandes hazañas no podemos perder tiempo? ¿Que tu crees, que en el hospital vamos a poder ser héroes?” – contestó Don Chayote muy molesto.

“Es cierto don Chayote, pero no podrás lograr nada si estas muerto.”

Ante la insistencia de Pancho, don Chayote contestó: “Iremos a Centro Médico, pero solo estaremos 25 minutos hasta que nos digan que tu te equivocas y que yo estoy en perfecto estado.”

Así es como llegaron a Centro Médico y entraron al área de emergencias. Al lado de la gente que aquí estaba, don Chayote parecía estar en perfecto estado. Fueron a apuntarse y se sentaron a esperar. Como don Chayote no quería que lo llamaran más que don Chayote y Pancho no sabía su nombre real, firmaron “Don Chayote” y tomaron su número.

“145” – Dijo Pancho viendo el boleto. – “y van por el 100.”

“Te dije Pancho que venir aquí sería una perdida de tiempo. Ahora tendremos que estar aquí toda la tarde.” – Contestó don Chayote.

Luego de esperar como 2 horas, parpadeó en la pantalla el número “145” y les hicieron señas para que entraran. Don Chayote se levantó, esperando que el médico real lo atendiese. Mientras entraba por los pasillos del castillo para llegar a la sala real donde lo atendería el médico, veía a ambos lados los soldados que habían recibido algún tipo de herida en batalla. Sin duda, esos soldados no eran merecedores de que el médico real los atendiese, ese honor le tocaba a él.

Luego de pasar por el largo pasillo, llegaron hasta la puerta que les señalo la enfermera. Adentro, don Chayote vio como un médico, que parecía ser el mismo Merlín lo saludó. Don Chayote le extendió la mano orgullosamente, creyendo que luego de que le contase la historia de su batalla con el dragón, él lo llevaría a conocer al rey y quizás incluso lo nombren caballero real.

“Bueno señor don Chayote, dígame usted que pasó.” – le preguntó el doctor.

“Pues ante las noticias de que un dragón andaba suelto y que era muy peligroso, yo me di a la tarea de lincharlo. Cuando estuve frente a el dragón bebé, su madre apareció y con mi mera presencia se asustó y aunque detuvo su embestida, lo fuerte de mi golpe me tiró unos 5 metros para atrás.”

El doctor, impactado por la borrachera de don Chayote, no tenía más que hacer si no dejarlo ir, pues después de todo el no podía recetarle la cura para la borrachera. Esto, don Chayote lo vio como la prueba médica de que el estaba en perfecto estado, así que se levantó y se fue diciendo:

“Adiós y gracias señor Merlín.”

Ya afuera, llevó con Pancho la siguiente conversación.

“¿Viste Pancho como es que yo estaba en lo cierto?”

“Pero por lo menos ahora estamos seguros. Por cierto, ¿por qué le decías Merlín al doctor?”

“De seguro es que no lo reconociste, pero ese era el mismo Merlín que de entre todos los doctores que podían atenderme lo escogieron a él, puesto que era él el único mago digno de atenderme. Lo que pasa es que como el tiene una agenda muy ocupada, tuve que esperar hasta que terminara de atender al gobernador o quizás al rey para que pudiera atenderme a mí.”

“A mi me parecía un médico normal.”

“Ay Pancho, a la verdad que si tu no mantienes los ojos abiertos no vas a llegar a nada nunca.”

Pancho bajó la cabeza y se miró los pies y continuaron caminando a buscar el carro.

Ya luego que se hubiesen montado en el carro y hubiesen ido con dirección al viejo San Juan a través del Expreso las Américas, se encontraron en un tremendo tapón para poder estacionarse.

“Cada vez esto se llena más” – dijo don Chayote.

“Tiene que ser que hay actividad o algo así.” contestó Pancho

Después de que se estacionaron y caminaron un rato, Don Chayote se vio a si mismo en el paraíso. Habían barras y pubs por todas partes y aunque debido a la multitud era difícil caminar, se escurrieron entre las personas hasta que por fin llegaron a donde el bartender.

Al lado de la banca en la que se sentó don Chayote, había un hombre tan borracho que a su lado don Chayote parecía sobrio. Tan grande era su borrachera que cuando trató de voltearse para ver a don Chayote, la cabeza se le fue hacia atrás y se quedo colgando de su cuello. Don Chayote se quedó sorprendido y creyó que este hombre estaba poseído por algún demonio.

“Pancho ve al carro y buscarme la espada que es posible que la necesite.” – Le susurró don Chayote a Pancho. Pancho se levantó y corrió hasta el carro y después de un poco de tiempo regresó con el machete de Don Chayote.

Una vez tuvo don Chayote el machete en sus manos, lo levantó y grito:

“¿Qué haces tú cruel demonio en el cuerpo de este pobre hombre? ¡Sal y pelea con honor!”

Al escuchar este grito, el público se quedo pasmado y atento a la escena. Don Chayote volvió a gritar y el hombre nuevamente volteó la cabeza y balbuceó algo inentendible.

“¿Qué dices cruel demonio?” – exclamó Don Chayote – “¡Habla español y no esas lenguas infernales¡”

El borracho volvió a balbucear lo mismo varias veces hasta que don Chayote se molestó y gritó:

“¡Vayamos a la calle a pelear como hombres!”

Él y el borracho se escurrieron entre la multitud, que creyendo que esta era alguna extraña obra teatral les daban paso para poder ver pronto la culminación de tan tremenda actuación.

En fin, llegaron hasta la calle donde el borracho dijo por fin:

“¿Qué problema tienes conmigo?”

“Salte del cuerpo de ese pobre hombre, te digo por última vez, o me veré obligado a utilizar la fuerza.”

Luego de haber dicho esto, el borracho vomitó y se cayó al piso como producto de sus tragos. La ola de aplausos provocada por el fin de la tan dramática obra teatral, hizo creer a don Chayote que ellos habían visto al demonio salirse del cuerpo asustado, por supuesto, de la valentía de Don Chayote.

Una vez el dueño de la barra vio la popularidad de don Chayote, lo invitó a pasar y le ofreció un trago. Don Chayote aceptó felizmente ya que entendía que por fin estaba siendo recompensado por sus hazañas y pidió otro trago para Pancho que también le había ayudado.

A pesar de que esto parecía ser un sueño hecho realidad, después de pasado un rato, don Chayote decidió irse, pues después de todo en la calle todavía habían aventuras que vivir. Así fue como le dijo a Pancho que se levantara y se fuera que debían de continuar su camino. Se despidieron de todos en la barra y se dirigieron a su automóvil.

Al ir saliendo de San Juan, había un bloqueo creado por la policía para asegurarse de que la gente que saliera se encontrara en condiciones de manejar. A pesar de que Pancho se sentía un poco nervioso, Don Chayote creía que los policías eran algún tipo de guardia real que estaban asignados a la búsqueda del héroe que había encontrado la fuente de la juventud, aniquilado al dragón y que había sacado el demonio de aquel pobre hombre.

Al llegar su turno para ser revisado, Don Chayote saludó al policía diciendo:

“¡Hola señor soldado real!”

El policía miró a don Chayote de pies a cabeza y se dio cuenta que no necesitaba hacer prueba de aliento alguna para saber que estaba borracho. A pesar de esto, el oficial se rió y le pidió su licencia.

“De seguro usted fue enviado por el rey para buscarme y darme algún obsequio por mi valentía.” – dijo don Chayote. – “Le ruego por favor le lleve un mensaje que diga:

Estimado Señor Rey:

Aunque agradezco su gratitud, no estaría bien que yo recibiera sus presentes, ya que el bien que yo hago, es hecho por placer y no por dinero. Le pido guarde este obsequio para alguien que verdaderamente lo necesite y dígale usted que ese obsequio es cortesía, primeramente de usted y de Don Chayote del Mamey.”

Al escuchar tan extraña respuesta, el guardia volvió a reírse, e impactado por lo que acababa de escuchar, le dijo a Pancho que si no quería que los arrestara no podía dejar que Don Chayote guiara. Después de esto, se volteó a donde Don Chayote y le dijo:

“Señor Caballero, como es costumbre, el caballero no debe salir conduciendo del reino, debe dejar que su pasajero sea el que maneje.”

Aunque esta era una costumbre que de ninguna manera reconocía Don Chayote, el creyó que era alguna tradición acabada de implantar o algo por el estilo y el no era quien para ir en contra de las tradiciones reales. Pancho se bajó de Cocinante y cambió de lugar con Don Chayote. Luego Pancho le dio las gracias al guardia porque sin duda alguna su generosidad los había salvado de varias semanas en la cárcel.

Luego de que Pancho hubiese tomado el volante, decidió que lo más prudente sería regresar a su casa. Ya cuando llevaban 10 minutos de viaje, Don Chayote empezó a roncar e hizo saber a Pancho que estaba dormido. Esto lo hizo sentir mejor, ya que sabía que cuando Don Chayote despertara iba a estar completamente sobrio y su odisea terminaría.

Se encontraron de vuelta en el barrio ya a altas horas de la noche y Pancho se preguntó cómo haría para regresar a su casa. Decidió que la mejor opción sería ir a su casa y dejar a Don Chayote durmiendo en el carro.

La mañana siguiente, Don Chayote estaba todavía en el carro. Pancho lo despertó tocándolo en el hombro y le preguntó cómo había dormido. Don Chayote le contestó que se sentía pésimo, que lo mejor que podía hacer era regresar a su casa y pasar el día por allá.

Pancho creyó que había recibido una lección y que después de tan mala experiencia no se le volvería a ocurrir beber. Pero su mayor sorpresa llegó cuando Don Chayote le dijo:

“Mañana salimos a buscar más aventuras.”

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