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Updated 12 months ago by carlos

carlos rodriguez

un segundo para la media noche

Deteniendo mi torrencial travesía, quedé suspendido en el aire como fruto de mi propia voluntad. Al ver la hora de mi reloj, faltaba un segundo para la medianoche. Luego de haber caído por varias horas, me di cuenta que me encontraba en un vacío infinito. No importaba la dirección en la que viera, encontraba oscuridad. Pude levantarme y pararme en medio de este vacío. Desde el aire, me vi a mí mismo paralizado, observando mi reloj, detenido a un segundo para la medianoche.

Continué caminando en este vacío. A lo lejos alcancé a ver algunas rocas que flotaban. Mientras me acercaba a ellas, un niño pasó corriendo por mi lado. Volteé para ver de donde venía, pero no parecía venir de ninguna parte y a la misma vez, parecía venir de todas partes. El niño fue a donde un anciano que se encontraba sentado en una de estas rocas flotantes y le dio un objeto que no alcancé a ver.

Caminé hacia el anciano y me miró a los ojos. Su mirada fue tan profunda que derramé una lagrima, que el anciano logró atrapar antes de que cayera el suelo. Observó la lagrima, la guardó en una pequeña maleta que guardaba consigo y sonrió. El anciano se puso de pie, sacó un boleto de tren de su bolsillo y tomó un tren que se acababa de detener tras de mi sin haberme dado cuenta.

No lograba entender nada de lo que pasaba, así que me senté en una de esas rocas que se encontraban flotando. Sentado en aquella piedra flotante me pude ver a mí mismo, flotando mientras veía mi reloj detenido a un segundo para la media noche. Aquel anciano debía entender lo que pasaba, así que decidí tomar aquel tren para pedirle una explicación.

Observé a mi alrededor y el tren ya había partido. Buscando un lugar para comprar un boleto de tren, vi a unos pasos de mí el maletín del anciano. Lo recogí, y al abrirlo encontré mi lagrima allí. Decidí esperar a que regresara el tren para ver si en este podía conseguir un boleto para cualquiera que sea el lugar en el que se encontraba el anciano.

Pasó mucho tiempo y continuaba esperando a que regresara el tren. Me encontraba solo, tratando de decifrar lo que sucedía y de vez en cuando me entretenía observándome a mí mismo en la distancia. Hubo un momento en el que busqué sin poder encontrarme. Fue entonces cuando comencé a darme cuenta lo rápido que pasaba el tiempo en este lugar.

Pensé caminar por aquel vacío eterno para averiguar lo que me había pasado, pero me preocupaba que pudiera perder el tren. Así que pasé el resto de mi vida sentado en aquella piedra.

Nuevamente, mucho tiempo después pude verme flotando en aquel lugar, viendo mi reloj detenido a un segundo para la medianoche. Vi como un joven venía caminando hacia mí y un niño pequeño le pasó corriendo por el lado. El niño me dio un boleto de tren que guardé en mi bolsillo. El joven se acercó a mi y reconocí su cara. Habían pasado muchos años y me había puesto viejo. Fue tanta la alegría de ver aquel joven que lo miré profundamente a los ojos. Tan profunda fue mi mirada, que derramó una lágrima, la cual yo cogí antes de que cayera al suelo y la guardé en mi maletín. Entonces sonreí. Tomé el tren que acababa de detenerse tras de él y saqué el boleto de tren de mi bolsillo. Abordé el tren, y mientras partía, vi como el joven, tratando de decifrar lo que pasaba, se sentaba en una de esas rocas que se encontraban flotando…

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